La lluvia es un lugar lejano,
una palabra talismán
que rompe los espejos
y los transforma en nube.
Es por eso que salgo a recorrer el vecindario
para ver si me caen dos pétalos del cielo,
o tres besos o unas cuantas gotas de agua
para construirme un mar en el bolsillo.
No necesito el mar,
pero me gusta sentirlo entre los dedos,
olerlo y saber que ahí está,
que siempre será efímero,
que llenará mis tardes con insólitos peces
y que después se irá,
como la lluvia,
como el polvo y las horas,
se irá, como la vida.
Vivo varado en el desierto,
lejos del mar y sus tormentas,
pero me gusta imaginar,
en este páramo de arena,
cómo cae del cielo
una mirada azul de mar en calma.
viernes, 14 de agosto de 2009
miércoles, 29 de julio de 2009
El mar I
Extrañamos el mar cuando canta una sirena en el desierto
y la sequedad crece como una sombra voraz sobre los muros.
Los minutos se hacen lentos y vibran
por efecto del sol que los calcina.
Los pájaros buscan con vehemencia los aleros.
La sed es como un grano de sal que pesa tanto.
A veces el mar se vuelve tierra prometida,
es un destino igual que Compostela, Comala y Utopía,
es el lugar que aguarda para recibir con amor, entre sus olas,
a los perdidos y a los náufragos.
Las veredas son de polvo y se borran,
el viento se las lleva para construir la trama de arena
con que cubre de amarillo las planicies.
El desierto es un palimpsesto de caminos que ocultan las historias.
Aquí no hay puertos ni destinos,
las metas son ilusiones que se pierden.
Sólo me acuerdo del mar cuando está lejos.
Salgo a caminar, de preferencia por las tardes,
y escucho el canto de una extraña sirena
en el desierto.
y la sequedad crece como una sombra voraz sobre los muros.
Los minutos se hacen lentos y vibran
por efecto del sol que los calcina.
Los pájaros buscan con vehemencia los aleros.
La sed es como un grano de sal que pesa tanto.
A veces el mar se vuelve tierra prometida,
es un destino igual que Compostela, Comala y Utopía,
es el lugar que aguarda para recibir con amor, entre sus olas,
a los perdidos y a los náufragos.
Las veredas son de polvo y se borran,
el viento se las lleva para construir la trama de arena
con que cubre de amarillo las planicies.
El desierto es un palimpsesto de caminos que ocultan las historias.
Aquí no hay puertos ni destinos,
las metas son ilusiones que se pierden.
Sólo me acuerdo del mar cuando está lejos.
Salgo a caminar, de preferencia por las tardes,
y escucho el canto de una extraña sirena
en el desierto.
martes, 14 de julio de 2009
Trampas
No cabe duda que todos los días me afano por fabricar las trampas más sofisticadas. Las elaboro de todos los materiales. Pongo en ellas todo el ingenio de que soy capaz. Cavo profundos hoyos en la tierra, los cubro con cuidado y luego pongo encima los señuelos más atractivos y seguros. Escondo tales artefactos en lugares insospechados y también en los más obvios. Trato de que no parezcan trampas. Las hago como pequeños oasis atractivos y seductores. Te preguntarás, a estas alturas, para qué las hago. Debo decirte que se trata de atraparme a mí mismo, hace tiempo que tengo ganas de demostrar mi propia vanidad y mi ceguera. Durante mucho tiempo anduve con un puñado de certezas en el bolso: pensé que conocía el lugar exacto del arribo; que podría someter el timón a mi designio; que mi paso sería firme en el pantano. Pero ahora sé que a duras penas soy un pájaro de barro en una jaula que fabriqué yo mismo.
martes, 7 de julio de 2009
Palabra
A Gabriela d’Arbel
De pronto me dio por perseguir una palabra, por buscarla en los lugares más insospechados. No me preguntes cuál era porque no lo sé, apenas pude intuir su contorno borroso y se perdió en el universo de las cosas cotidianas. Intenté, con todas mis fuerzas, extraerla del fondo de la intrincada red de mi memoria, la tuve varias veces en la punta de la lengua, afiné mis oídos para escuchar su voz en el ruidoso silencio de la tarde. Todo fue inútil. La seguí según su clasificación más obvia y repasé nombres, adjetivos, verbos y adverbios, pensé que la reconocería por su color y brillantez, pero se obstinó en permanecer oculta. También creí que se haría patente por el efecto de su melodía o su ritmo, sólo recibí el silencio más profundo que pueda percibirse. Es muy difícil resignarse a perder una palabra, sobre todo cuando se piensa que podría tratarse de la más bella y armoniosa, la que podría dar lugar a un bellísimo poema. No queda más remedio entonces que salir a la calle y recoger las palabras que cayeron, como al descuido, de todas las conversaciones y las chácharas, retirarlas del piso y llenarse los bolsillos de palabras sucias, cubiertas por el polvo. Después, te acomodas en el rincón más hospitalario de la casa y llenas una página con ellas, o dos si es que te alcanza, y te olvidas para siempre de la palabra fugitiva.
De pronto me dio por perseguir una palabra, por buscarla en los lugares más insospechados. No me preguntes cuál era porque no lo sé, apenas pude intuir su contorno borroso y se perdió en el universo de las cosas cotidianas. Intenté, con todas mis fuerzas, extraerla del fondo de la intrincada red de mi memoria, la tuve varias veces en la punta de la lengua, afiné mis oídos para escuchar su voz en el ruidoso silencio de la tarde. Todo fue inútil. La seguí según su clasificación más obvia y repasé nombres, adjetivos, verbos y adverbios, pensé que la reconocería por su color y brillantez, pero se obstinó en permanecer oculta. También creí que se haría patente por el efecto de su melodía o su ritmo, sólo recibí el silencio más profundo que pueda percibirse. Es muy difícil resignarse a perder una palabra, sobre todo cuando se piensa que podría tratarse de la más bella y armoniosa, la que podría dar lugar a un bellísimo poema. No queda más remedio entonces que salir a la calle y recoger las palabras que cayeron, como al descuido, de todas las conversaciones y las chácharas, retirarlas del piso y llenarse los bolsillos de palabras sucias, cubiertas por el polvo. Después, te acomodas en el rincón más hospitalario de la casa y llenas una página con ellas, o dos si es que te alcanza, y te olvidas para siempre de la palabra fugitiva.
jueves, 11 de junio de 2009
La Mancha
En la esquina superior izquierda del espejo habita una mancha rebelde que vi todas las mañanas, mientras me bañaba. Apareció de pronto, como una fina grieta en el azogue. Era una mancha oscura, densa como la noche, que se tragó todo. Empezó por el jabón, después el cepillo de dientes, el vaso para el enjuague, la navaja de rasurar, los azulejos que rodeaban al espejo, las cremas y lociones que estaban en la repisa. La grieta creció, como un agujero negro en la infinidad del cosmos. Todo se fue por esa grieta. No recuerdo cuándo fue la última vez que entré al baño. Ahora me levanto, todos los días, para buscar la luz que se fue, para siempre, por la mancha en la esquina superior izquierda del espejo.
sábado, 6 de junio de 2009
lunes, 1 de junio de 2009
Nacimiento
Nací otra vez a la mitad de la mañana,
lejos del mar y sus encantos,
lejos también de la selva misteriosa.
He nacido tantas veces que son incontables las grietas
y las ruinas que dejo atrás al declinar el día.
Dejo las historias y los dramas.
Abandono el amanecer y su esperanza.
Y otra vez abrí los ojos en esta ciudad
que es como una interminable laguna de silencio,
en donde apenas se oye de manera ocasional el trino de las aves,
y el imperceptible golpeteo del polvo que nos cubre.
lejos del mar y sus encantos,
lejos también de la selva misteriosa.
He nacido tantas veces que son incontables las grietas
y las ruinas que dejo atrás al declinar el día.
Dejo las historias y los dramas.
Abandono el amanecer y su esperanza.
Y otra vez abrí los ojos en esta ciudad
que es como una interminable laguna de silencio,
en donde apenas se oye de manera ocasional el trino de las aves,
y el imperceptible golpeteo del polvo que nos cubre.
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