sábado, 30 de agosto de 2008

Borrar la memoria: diario de febrero

Febrero 16

Todo pasa tras el cristal de una ventana:
un río que arrastra los pedazos de una ciudad que se deshace,
las llamas de un incendio que florece,
un pájaro que se transforma en viento.

El río lleva también las huellas dolorosas del desastre:
un libro deshojado de poemas,
un fusil y un cadáver que acabará perdido en el mar del silencio.

Me dedico así a registrar las cosas que se pierden
para no irme solo cuando el agua me transporte
hacia el delta que me aguarda en el olvido.

viernes, 29 de agosto de 2008

Borrar la memoria: diario de febrero

Febrero 15

Esta no es una prosa triste, es natural que alguien se despida cuando la fiesta termina. Ya se sienten cercanas las brisas del invierno. Desempolvaré mis abrigos y acercaré los leños al hogar que se consume. Cada vez soportan menos mis huesos las heladas y un día se quedarán, inmóviles, en un cálido lecho de ceniza. Mientras tanto seguiré contando las historias de todos los personajes que me inventan, que nos inventan, durante un largo recorrido de caminos. En todos estos años no he podido más que pergeñar un diario, contar muchas mentiras, callar las cosas de veras importantes, jugar con trabalenguas, dibujar una extensa colección de máscaras, y así seguiré durante las últimas jornadas, dejando pedazos de memoria en las paredes y tratando de cazar mariposas con palabras.

jueves, 28 de agosto de 2008

Borrar la memoria: diario de febrero

Febrero 12

Aspiro a la brevedad como un valor deseable. Creo que casi todo lo que vale la pena puede ser dicho con unas cuantas palabras. En realidad la cultura es una red inextricable de aforismos.

miércoles, 27 de agosto de 2008

Borrar la memoria: diario de febrero

Febrero 11

Cómo le hago para decir la esencia sutil de una sombra que se mueve; cómo para describir un punto de luz estelar que se refleja en el vidrio. De qué manera puedo fijar en la memoria la silueta de un cuchillo y una mariposa que vuela desde la mirada sorprendida del que ha muerto. Que alguien me indique la forma de atrapar un segundo inmóvil. Que me lleven al minuto preciso en que una oruga se salió del limo. Después, déjenme morir, con una pluma en la mano, y mi sangre transformada en laberinto de líneas rojas que se pudren.

martes, 26 de agosto de 2008

Borrar la memoria: diario de febrero

Febrero 9

Es tal mi vanidad que por las tardes,
cuando el sol hace brillar el polvo en los cristales,
sólo escucho mi voz: tormenta silenciosa en la llanura;
murmullo de termitas que se comen a la ciudad por dentro;
suma de los ecos que se han ido.

Sí, despierto con el tronar de mi voz que nadie oye
porque habita en la caverna más oscura del silencio.
Oigo mi voz como el rugido de un tigre;
el rumor del arroyo en la pradera;
una trompeta que anuncia la catástrofe.

Es tal mi vanidad que pienso a mi voz
como un golpe de arena en el desierto,
o un volcán que aparece de pronto.
Pero soy en realidad un mudo que vaga,
desde hace tanto tiempo.

lunes, 25 de agosto de 2008

Borrar la memoria: diario de febrero

Febrero 5

Es preciso desnudar la prosa, quitarle todos los adornos, evitar las trampas que siembra la metáfora. Es preciso decir así, sin más, que cada nuevo otoño es menos una imagen retórica que una estación que anuncia la llegada del invierno. En este viaje final por la escritura quiero decirte mis flaquezas: la vanidad que pocas veces disimulo, a pesar del esfuerzo y el silencio; el miedo que ha sido un compañero inseparable; y tantos otros monstruos que poblaron mis noches y mis días. Tal vez no he sido todo lo sincero que debiera, es porque temo lastimar a quien me lea, y es también porque no tengo autoridad para decir las cosas que a otros pertenecen. Es por esto que sólo te menciono los hechos: una mariposa que se oculta de la noche a plena luz del día y dos o tres poemas que retozan a sus anchas en el parque.

jueves, 14 de agosto de 2008

Borrar la memoria: diario de febrero

Febrero 4

Cada uno de mis libros es un relato inconcluso en el que narro un periplo, un viaje que todavía no acaba y en el que ya son evidentes las huellas del cansancio. Viajo con una lluvia en la memoria y una tormenta en el bolsillo. A veces uso, para construir la bitácora, un lenguaje más bien denso. Como la Sibila, no digo, sólo sugiero. Me acerco a los sucesos con sigilo. Utilizo la figura y la metáfora como una seña segura de respeto. Otras veces digo con descaro las cosas como son, con la simpleza y la confianza de quien redacta, solo, para conversar con el silencio. Así te cuento mi dolor de piernas y una mañana de domingo que resbala lentamente por los muros. Te digo también la crueldad del asesino y el poder que medra entre las sombras, y la inefable belleza del desierto.